Rafaela tiene un año y dos meses. Está cada día más rica y traviesa. Habla como un loro, dice muchas cosas en su idioma de guagua y repite todo lo que puede.
Dibuja con sus lápices de cera, en un cuaderno y a veces sin querer sobre su mesita o sus juguetes. Trata de copiar mi mano dibujando su contorno y también trata de dibujar la suya.
Ahora que el tiempo está más rico y caluroso, la llevamos bien seguido a la plaza y le encanta jugar con tierra, tirarse por el resbalín y usar los juguetes de los otros niños, patear pelotas ajenas y perseguir palomas. Le compramos un triciclo que al principio ni lo pescó y ahora le fascina, es dirigible, tiene toldo, apoya pies, y tiene sonidos con luces y peces.
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